Nieve, nieve, nieve
Como a esto de ver la nieve caer no es una cosa a la que estemos muy acostumbrados, cuando ocurre se transforma en una ocasión especial, y más si ocurre de madrugada y sin que te lo esperes.

Nevada de hace un año. Aunque fue igual de copiosa que la del año pasado, no la pude disfrutar igual, porque me acababan de sacar una muela del juicio
Anoche, volviendo de Alcorcón de un evento social
, circulando por la M40 bajo un copioso diluvio, estaban los carteles luminosos con un mensaje curioso: ‘Aminore la velocidad, camión echando sal’, a lo que nos preguntamos… “¿que coño hace un camión echando sal con la que está cayendo?”…
Bueno, el suceso curioso ocurrió ya entrando en la M30 cuando ese pedazo de diluvio de agua… se transformó en ventisca de nieve… al principio nos sorprendió ver tan cantidad de nieve, y casi nos creíamos que los terrenos anexos a nuestra querida M30 estuvieran blancos por la nieve, a parte de la curiosa sensación de conducir bajo tal nevada (casi casi, parecía el Need for Speed Porsche, en el circuito en el que nieva
). El hecho que de ser una anécdota graciosa esto de la nieve… se convirtió en una cosa inquietante, al parar en el primer semáforo al salir de la M30 cuando el coche quiso parar un medio metro más lejos de donde quería hacerlo parar. Así que ya una vez callejeando a las 3 y media de la mañana había que hacerlo muy suave y con mucha antelación, porque tampoco es cuestión de llevarse coches y peatones por delante, que ya bastante tienen por ir por la calle mojandose
. Mientras observas a otros conductores, que se creen Marcus Gronholm en el 1000 lagos, circulando a toda velocidad por Arturo Soria… claro está, que después de acordarte de su familia al verlos pasar así, cuando ves que cogen una rotonda, se les va el coche y se quedan mirando ‘pal otro lado’, no puedes hacer otra cosa más que sonreir
por el susto que se han tenido que dar.
Bueno, la noche terminó dandome un paseo con Ana por la nieve, evitando los resbalones, y dejando huellas en la nieve virgen. Después de dejar a Ana en su casa, la tarea de introducir el coche en el parking casi me cuesta un disgusto (la entrada es una S en cuesta abajo), debido a que el coche no quería frenarse. Pero al final, gracias a mi gran pericia, a mi acojone, que me hacía ir realmente ‘despacito’ logré dejar el coche aparcadito y bien.
Al subir a casa, no pude evitar coger la ‘acámara de afotos‘ e inmortalizar tan bello momento.
PD: Esperemos que el dicho popular de ‘año de nieves, año de bienes’ sea cierto





